La alianza educativa: padres, centros educativos y autoridades en la Encíclica Magnifica Humanitas
I.- Tiempos de cambio y una nueva Encíclica. II.- Artesanos de la educación. III.- La educación una herramienta clave. IV. Retos impostergables del mundo educativo
I.- Tiempos de cambio y una nueva Encíclica
Desde el año 2023 he venido estudiando y monitoreando las respuestas que las instituciones políticas están dando para abordar los temores y/o riesgos en la relación tecnología, educación, padres y menores; son muchos los estudios, encuestas, análisis e iniciativas que se están impulsando en el mundo entero para abordar el desafío de la tecnología y sus efectos en los menores; en algunos momentos, algunos artículos o campañas, parecieran advertir que la tecnología es la culpable de todo y no es así.
A lo largo de esos años el tema educativo siempre ha estado presente en las recomendaciones, soluciones y propuestas para abordar los desafíos de una sociedad que cada vez es más tecnológica; la recientemente publicada Encíclica Magnifica Humanitas, también se ocupa del tema, y dedica una parte de su contenido a reflexionar sobre la necesidad de una alianza entre familias, colegios y gobiernos para abordar los desafíos tecnológicos en la educación.
El Papa León XIV nos plantea que la educación hoy por hoy adquiere una importancia decisiva frente a una realidad en la que la verdad suele verse supeditada a intereses y estrategias comunicativas; en las próximas líneas revisaré el contenido que sobre esta materia nos plantea en la Encíclica.
Vivimos tiempos de cambio, caracterizados por una realidad que la Encíclica Magnifica Humanitas califica de “situación nueva” caracterizada por el poder y la omnipresencia de las tecnologías emergentes que se entrelazan con el tejido de la vida cotidiana, moldean los procesos de toma de decisiones e inciden profundamente en el imaginario colectivo; en un contexto, que como reconoce el mismo Papa León XIV, hay una notable ceguera espiritual y cultural en nuestra sociedad.
Junto a la influencia de la tecnología en nuestra cotidianidad, la Encíclica nos invita a reflexionar sobre la verdad y la educación, el trabajo y las familias, pero además, nos recuerda el legado de otra Encíclica que conocemos como Rerum novaron, publicada 135 años atrás por el Papa León XIII, y que en estos tiempos reivindica el principio a través del cual no hay auténtica evangelización que no toque también las estructuras de la convivencia humana.
En una comparación con el contexto de la Rerum novaron, 135 años después, Magnifica Humanitas, reconoce que hay dos condiciones históricas que aún persisten en el presente: “la primacía del trabajo humano sobre cualquier lógica puramente productiva o financiera, con la consiguiente atención a las personas y a las familias más expuestas a la explotación, y el vínculo indisoluble entre el anuncio evangélico y la búsqueda de un orden social más justo.”
La Encíclica nos invita a entrar en diálogo con todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo, con quienes participamos juntos en los acontecimientos, las preguntas y las aspiraciones de la humanidad
Y entre las preguntas de reflexión que se nos plantea en su primera parte están:
- ¿Hacia dónde vamos?
- ¿Hacia qué meta deseamos orientarnos?
- ¿Qué dirección elegir como comunidad humana y como pueblos?
La reflexión está dirigida a todos los hombres de buena voluntad; para quienes son creyentes, la Encíclica les invita a buscar las respuestas y profundizar a través de ellas su relación con Dios, y para quienes no son creyentes, las respuestas buscan concientizarles sobre una realidad que nadie puede ocultar y es que todos convivimos en una “casa común”, termino que nos lleva a recordar al Papa Francisco y su Encíclica Laudato Si.
Para la reflexión sobre esas y otras preguntas los principios de la Doctrina social de la iglesia se convierten en un marco que presenta criterios útiles para ello; en su contenido propuso la necesidad de una responsabilidad compartida, en la que haya una visión de futuro, e instituciones que regulen sin asfixiar y protejan sin suplantar; con empresas que reconozcan el trabajo y en la dignidad un criterio de éxito; con organismos intermedios y comunidades educativas que reconstruyan la confianza y los vínculos; por ciudadanos que cultiven la responsabilidad, la sobriedad, el discernimiento y el sentido de la verdad.
Estamos invitados por Magnifica Humanitas a enfrentar los retos del presente con lucidez y responsabilidad; contribuyendo a identificar las raíces espirituales y culturales de la rápida transformación que estamos experimentando con la influencia de la tecnología en nuestra cotidianidad, a través del diálogo y la reflexión, y por último, a formarnos para vivir en un mundo digital de manera humana, reconociendo que la “educación empieza por nosotros mismos”.
Debemos entender, como nos dice el documento papal, que si bien la tecnología puede curar, conectar, educar, cuidar la Casa común; también puede dividir, descartar, generar nuevas injusticias; así mismo, agrega, también la tecnología puede aumentar la participación y la justicia o ampliar las desigualdades, el control y la exclusión; como todo debemos reconocer sus bondades pero también sus peligros.
En consecuencia, es necesario no ignorar, que las innovaciones tecnológicas, incluida la inteligencia artificial, no son neutrales, pues toman el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza.
Sobre la Inteligencia Artificial, la Encíclica Magnifica Humanitas reconoce su valor para la ayuda, no es una solución a los problemas de la humanidad, tampoco es un mal en sí, pero como ya se mencionó no es neutral por lo que nos pide un enfoque prudente y cauteloso sobre la herramienta; además, agrega que para proteger a nuestros jóvenes de la promesa de la máquina perfecta, de esa sutil seducción que hace parecer inútil el pensamiento humano, es necesario que aprendamos a prescindir de ella.
II.- Artesanos de la educación
La invitación de la Encíclica se hace más concreta, cuando nos plantea la posibilidad de convertirnos en artesanos de la educación, que permite redescubrir una vocación a través de la cual, de forma diaria, paciente y sostenida logre:
- Amplías y compartidas alianzas educativas
- Acompañamiento a los niños y jóvenes para que utilicen las tecnologías como espacio de relación responsable, ayudándoles a reconocer los riesgos y a elegir lo que hace crecer la libertad interior.
- Educar a las nuevas generaciones, nos dice el Papa León XIV, para que comprendan que la evolución de las tecnologías, puede estar orientada por la responsabilidad personal y colectiva, representa en la actualidad uno los servicios más valiosos al bien común.
En ese contexto, la educación en la sobriedad digital es un llamado urgente que se une a la necesaria protección de los menores y a la lucha contra modelos que prosperan a costa de la vulnerabilidad, como componentes claves para promover un uso de las tecnologías que refuerce la libertad interior de cada quien.
La educación en la fe y en la vida virtuosa del Evangelio, a través de la tecnología es una oportunidad que califica la Encíclica como “un nuevo continente por evangelizar.”
Específicamente sobre las alianzas educativa, son presentadas por el Papa León XIV, como una estrategia que puede llegar a brindar un importante apoyo a los adultos a sostenerse en la tarea del acompañamiento a los menores en la comprensión sobre el mundo digital.
Muchos adultos, destaca la Encíclica, tienen dificultades en la actualidad, para resistirse por sí solos al condicionamiento de modelos de negocio que monetizan la atención y el tiempo y ante esa realidad, las alianzas pueden entonces servir de apoyo para abordar el desafío que impone el mundo digital.
La Encíclica califica como “oportunas intervenciones” la labor de los gobiernos para enfrentar las tensiones creadas cuando los intereses inmediatos de las plataformas, que advierte están concentradas en pocas manos, entran en conflicto con el bien de los menores.
Esos aportes, destaca la Encíclica, se concretan en la aprobación de políticas públicas orientadas a la regulación de los límites de edad y la definición de la responsabilidad a los proveedores de servicios ―sin descargar, sobre las familias, el peso de la limitación―, definiendo formas de protecciones específicas contra toda forma de explotación y violencia sexual en internet, de modo que la infancia y la adolescencia se custodien verdaderamente como bienes preciosos confiados a nuestro cuidado.
En ese sentido el documento papal expresamente afirma que corresponde a la comunidad política crear las condiciones para que personas, familias, asociaciones y cuerpos intermedios puedan realizar su propia vocación social, sin ser sustituidos o reducidos a meros ejecutores.
Y en ese debate sobre políticas públicas, la Encíclica reafirma la importancia de educar a los niños, adolescentes y jóvenes para que aprendan a reconocer las manipulaciones, a defender su propia dignidad y a respetar la de los demás, también en los entornos digitales.
Todos los padres de familia, agrega el documento papal, desean que sus hijos crezcan siendo capaces de relacionarse, de pensar con espíritu crítico y de tener valores sólidos, depositan en ella grandes esperanzas, como una valiosa aliada en la educación de sus hijos.
Reafirma además, que los padres tienen el derecho primario e inalienable de elegir el tipo de educación y de formación que se imparte a sus hijos, en coherencia con sus propias convicciones morales, culturales y religiosas.
III.- La educación una herramienta clave
El Papa León XIV en su Encíclica Magnifica Humanitas nos recuerda que la tecnología educa a quien la utiliza; por lo tanto, educar en el uso de la IA implica educar para decidir cuándo y para qué no utilizarla y en esa dinámica, es necesario tener presente que la rapidez y la facilidad con las que se obtiene una respuesta o una síntesis hacen correr el riesgo de que se apague el deseo de plantear preguntas, que sólo da fruto con el tiempo.
La omnipresencia de los medios digitales genera una cultura de la inmediatez y la sobreestimulación, que alimenta el cansancio, el aburrimiento y la apatía ante el esfuerzo que supone buscar la verdad.
En ese contexto, la Encíclica nos invita a entender que la escuela no es un espacio para perseguir la velocidad del mundo digital, sino para ofrecer aquello que lo digital por sí solo no puede dar: tiempo compartido para aprender y relaciones fiables; consciente que los procesos educativos requieren tiempo para madurar, una confrontación con la realidad más allá de las apariencias y un camino paciente.
El mundo de la educación hoy tiene una importancia decisiva en esta realidad en el cual, advierte la Encíclica, la verdad suele verse supeditada a intereses y estrategias comunicativas, y ante esa realidad, reconoce el documento papal, el ámbito educativo está poco preparado.
La Doctrina social no debe verse como un manual de principios y normas que hay que aplicar, por el contrario, debe verse como lo que es, un camino de discernimiento comunitario, para el cual, se nos invita a no refugiarnos en el espiritualismo ni en nuestros pequeños mundos: debemos ser fieles a la verdad, invertir en la educación, cuidar las relaciones, y amar la justicia y la paz.
IV. Retos impostergables del mundo educativo
La Encíclica Magnifica Humanitas nos indica los 3 principales retos, calificados como impostergables, del mundo educativo en el presente, ellos son:
4.1 Reto sociopolítico:
Superar las fuertes desigualdades en el acceso a la educación básica y a los estudios superiores, que supone revisar y debatir sobre la inversión de recursos públicos para garantizar una educación de calidad para todos, con el adecuado apoyo al sistema escolar sea público y privado.
Pero, advierte la misma Encíclica que en muchos países, los recursos públicos están aumentando pero para mejorar el gasto militar, que se presenta como la única respuesta a un futuro incierto o a amenazas percibidas.
En este tema, la Encíclica destaca y reconoce la contribución de muchas obras educativas católicas que, aunque sean instituciones privadas, garantizan una acogida inclusiva a niños y jóvenes de todas las procedencias, incluso cuando las condiciones económicas de las familias no lo permitirían.
4.2 Reto pedagógico:
En este aspecto, la Encíclica advierte que muchos sistemas educativos tienen dificultades para actualizarse al ritmo de los cambios y para apoyar un crecimiento integral de los alumnos; ello supone revisar y actualizar no sólo los planes de estudio, sino también en la escuela, su organización, espacios, métodos de evaluación y la propia figura del docente.
Y precisamente sobre la labor del docente, resalta la necesidad de favorecer su formación continua a lo largo de toda su vida profesional, buscando “que sepan dialogar de manera positiva con las nuevas tecnologías, ayudando a los alumnos a hacer un uso responsable, crítico y creativo de ellas, y a no sufrir pasivamente su influencia.”
4.3 Reto intelectual y sapiencial:
La Encíclica nos invita a estar muy atentos con la evolución de la relación escuela y tecnología, porque, no monitorear esa realidad, puede llevar a la creación de un sistema educativo carente de amor por la verdad, en el que el flujo incesante de información sustituya al ejercicio de la investigación, la reflexión y el discernimiento.
Se multiplican los conocimientos fragmentarios, advierte la Encíclica, se hace más difícil captar la realidad en su conjunto, plantear preguntas sobre el sentido de las cosas y desarrollar un auténtico pensamiento crítico y creativo.
Alerta la Encíclica que ya hay muchos educadores que perciben signos de una posible deshumanización, en la que las personas “saben muchas cosasˮ pero tienen dificultades para dar un sentido a su vida, también debido a la incapacidad de conectar la información y los conocimientos, y para no perder de vista el horizonte de sentido.
En ese contexto, la Encíclica hace un llamado para promover una verdadera higiene de la atención: ritmos que incluyan silencio, estudio reflexivo, lectura, análisis ponderado; sin estos elementos, la libertad interior puede verse comprometida.
En el marco de la Encíclica Rerum novaron, la iglesia reivindica la necesidad de la alianza educativa entre las familias, las escuelas, las comunidades cristianas y las instituciones públicas a una alianza educativa renovada.
Y como la educación empieza por nosotros, como nos dice la Encíclica, en mí investigación he podido identificar en el Decreto 32/2019, de 9 de abril, del Consejo de Gobierno, por el que se establece el marco regulador de la convivencia en los centros docentes de la Comunidad de Madrid (1), un marco normativo que podría ser útil para el diálogo y debate sobre la creación de la alianza educativa.
En ese Decreto la letra k del artículo 7, en los deberes de los padres o tutores, no sólo les reconoce como los primeros responsables de la educación de sus hijos o tutelados y en ese contexto, están llamados a fomentar en sus hijos o tutelados una actitud responsable en el uso de las tecnologías de la información y comunicación, incluido el uso de los teléfonos móviles y otros dispositivos electrónicos, prestando especial atención a aquellos hechos que pudieran estar relacionados con el ciberacoso en el ámbito escolar.
Si consideramos que es la Administración Educativa quien debe impulsar la participación educativa bien de forma directa o bien a través de las asociaciones de padres y alumnos, en un modelo de convivencia en el cual se reconoce a los padres o tutores, como uno de sus principios generales, como corresponsables de la convivencia escolar positiva y en consecuencia, los padres y tutores deben participar de manera activa en las actividades que se establezcan en virtud de los compromisos educativos que los centros establezcan con los padres o tutores, para mejorar el rendimiento de sus hijos o tutelados.
Oportuno señalar que cuando el Decreto plantea la utilidad del Plan de Convivencia Escolar, reafirma que los padres son actores claves y en tal sentido, se compromete a garantizar que allí se promoverá la formación de padres o tutores en temas de de convivencia, acoso, ciberacoso y uso responsable de las nuevas tecnologías.
Podría entonces interpretarse esas normas de convivencia, que ya están vigentes como el marco desde donde se pueda diseñar algún tipo de alianza educativa, entre padres, colegios y autoridades educativas, para abordar los desafíos de la tecnología orientada la labor en la búsqueda por mejorar el rendimiento de los hijos o tutelados.
Al menos es un marco que pareciera permitir el debate y el diálogo, que podrá darse en la medida que estemos dispuestos, los padres, docentes y autoridades a convertirnos en artesanos de la educación, o por lo menos para ser parte activa del proceso de formación integral de nuestros hijos menores.
Carlos Romero Mendoza
@carome31
Referencia directa:
Para leer la Encíclica Magnifica Humanitas puede hacer clic en: https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html
Referencia Digital:
1DECRETO 32/2019, de 9 de abril, del Consejo de Gobierno, por el que se establece el marco regulador de la convivencia en los centros docentes de la Comunidad de Madrid. Recuperado el 29 de mayo 2026. Online en: https://www.resad.es/infoacademica/pdf2021/DECRETO-32-2019_Marco-regulador-convivencia.pdf
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