domingo, 4 de julio de 2010

Algunas opiniones que se expresaron en el Congreso de 1811.

José Gil Fortul en su libro Historia Constitucional de Venezuela , registra las siguientes palabras de Juan Germán Roscio, el 5 de julio de 1811, que considero oportuno transcribir para compartirlas, pues recoge el espíritu de los fundadores de la República a la hora de declarar la Independencia de España:

“Se alega –dice- la convocatoria con que fuimos llamados a formar este Congreso, que ninguna condición incluía de Independencia; pero la misma conducta observó la España cuando quiso reunir los pueblos para la suya, y nada les dijo entonces de Fernando y sus derechos, con el doble fin de no alarmar a los americanos. Además de esto, el reglamento (de elecciones) quedó sujeto a la voluntad del Congreso en lo esencial y lo accesorio, y puede alterarlo en ambos respecto. Dos juramentos habíamos prestado a Fernando cuando se instaló el Congreso, uno en 15 de julio de 1808, otro en 19 de abril de 1810; pero el primero lo arrancó la fuerza, y el segundo la ignorancia y la necesidad de no alarmar a los pueblos. Los hombres ilustrados sabían todo lo que saben ahora; pero el despotismo había embrutecido de tal manera la multitud, que fue prudencia no chocar abiertamente con ella. Inútil es repetir lo que nadie ignora entre nosotros, y lo saben ya tantos que lo ignoraban antes. Todos sabemos que nada tienen los Borbones en América, y así nada tenemos que conservarles, que fue lo que les prometimos. Los efectos de las jornadas del Escorial y de Aranjuez, y de las sesiones y abdicaciones de Bayona, son bien notorios en la América, y además de estar en nuestros papeles públicos se traerán a la vista en el manifiesto de nuestra Independencia. Nadie podrá negar que Fernando salió voluntariamente de España, atropellando la clara y decidida resistencia de los pueblos; y aunque pro las leyes constitucionales no perdió como Suecia el reino, faltó al deber de soberano y quedó suspenso de la autoridad. Voluntariamente concurrió a las Cortes (conferencias) de Bayona, y aún es un problema si voluntariamente consintió en aquellas violentas e ilegítimas estipulaciones. Lo que es claro es que los Borbones vendieron la América a una potencia extraña por vengar sus resentimientos personales; que por ingratitud perdieron cuantos derechos pudieran alegar a ella, y que aunque nosotros lo ignorábamos el 15 de julio, nada ofrecimos más que conservarles lo que tuviesen, sin restituirles lo que por tantos títulos habían perdido; y queda anulada pro consecuencia la conservaduría prometida, incauta o impremeditadamente. Más suponiendo que tuvieron algo, y que nosotros juramos conservárselo podría ser válido un pacto oneroso, que lejos de haber sido aceptado por la otra parte ha sido rechazado hostilmente por los que se dicen sus apoderados.”

En su discurso Roscio además sostiene: “Parece demostrada –agrega- la justicia y la necesidad de nuestra independencia, y sólo creo que pdrá hacerse contra ella una sola objeción. Podría dudarse por los políticos si Venezuela tiene la estatura necesaria y las fuerzas suficientes para el rango que va a ocupar; pues aún cuando en la Europa hay soberanías de menos población y extensión que la nuestra, creo que no debe ser (o aceptarse) el mismo cálculo estadístico con respecto a la América. Los Estados Unidos contaban tres millones de habitantes cuando declararon su independencia, y nosotros apenas tenemos uno; esta duda es la única que creo queda en pie contra la Independencia.”

Luego de varios argumentos, Nicolás Castro, representante por Carcas señaló:

“Aunque antes opiné que había algunos motivos para que no declarásemos la Independencia, en las actuales circunstancias, ya veo que ha llegado el momento: el pueblo la desea…..”

Juan José Rodríguez del Toro por Valencia, observa unanimidad de sentimientos y afirma:

“Tal vez –agrega- algunos de mis condiputados se habían propuesto el mismo objeto de hacer entender al pueblo lo que es Independencia; pero yo estoy seguro que todos conocen la significación de esta palabra, y nadie la confundirá con la licencia y el libertinaje, porque si las monarquías se sostienen y apoyan en los vicios y la corrupción de los vasallos, las repúblicas fundan su existencia en las virtudes de los ciudadanos.”

Comentario final.

Esta declaración de Independencia abre las puertas para que ese mismo año en 1811 tengamos nuestra primera Constitución, que no dura más de un año su vigencia y que sería el primer libro de normas constitucionales que tengamos de un total de 26 que registra nuestra historia. ¿Estuvieron los políticos a la altura de los retos que se impuso con la declaración de la Independencia? ¿Entendió el pueblo lo que era la Independencia?. Son preguntas que se hizo entonces Roscio y Rodríguez del Toro, ¿qué decimos luego de casi 200 años?.

Hoy cuando la República está en crisis ante la imposición de un proyecto hacia el Socialismo, vale la pena destacar que como dice Rodríguez del Toro, las Repúblicas se fundan en las virtudes de los ciudadanos. ¿Qué significa para los Venezolanos ser ciudadanos, nos sentimos identificados con nuestros políticos, con nuestra tierra, con nuestro espacio territorial llamado urbanización, barrio o parroquia?. Por allí pasa la necesaria tarea de entender el impacto que el diseño Comunal impone a nuestra realidad actual.

GIL FORTUL, José. Historia Constitucional de Venezuela. Tomo I. P. 237-239. Edición de 1977.

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