viernes, 4 de junio de 2010

¿Hacia dónde va el municipio?

En el año 1980, el cronista de la ciudad de San Cristóbal, estado Táchira, José Villamizar Molina, en un escrito publicado en un libro editado por la Casa de la Cultura en Capacho, señalaba que pertenecer al municipio es formar parte del alma de la ciudad. Considero que el ser concejal, alcalde e incluso miembro de junta parroquial, no es sólo un cargo político de elección popular, es una responsabilidad convierte de manera inmediata al elegido en custodio o guardián moral de esa "alma de la ciudad" a la que hace mención Villamizar Molina.

Ser custodios morales de esa alma o espíritu de la ciudad, implica proteger, alimentar, desarrollar, mantener, resaltar y hacer destacar nuestro origen como ciudad, sus valores, sus tradiciones, cuidar el desarrollo de la comunidad y velar porque las ordenanzas se conviertan en instrumentos legales que contribuyan con una mejor y mayor gobernabilidad en el ámbito local que nos toca, nos impacta, nos vincula como vecinos de una misma urbanización, barrio o sector.

Esa obligación moral que la impongo a los representantes elegidos popular y legalmente, no puede obviar que como vecinos, ciudadanos y electores, tenemos también nuestra corresponsabilidad de velar, proteger y exigir que el municipio no se anarquice, no abandone nuestra esencia como comunidad, nuestros valores, tradiciones y nuestra propia cultura local, es decir nuestra alma como ciudad.

Lamentablemente la conducta generalizada de desconocer incluso quién es el concejal que nos representa, de obviar que su función es legislar y por ende ni siquiera preocuparnos por el contenido y alcance, menos aún por el programa legislativo municipal, contribuye con fuerza a que las decisiones como la de posponer la elección municipal del poder legislativo local, haya quedado en el olvido y desplazada por otros temas que ocupan la agenda nacional y que por su contenido también refuerzan nuestra cultura centralista, que muy en el fondo siempre ha existido en nuestra sociedad.

Hay dos noticias actuales que anuncian la discusión sobre el proyecto de Ley sobre las Comunas que señalan:

Prensa de Asamblea Nacional 2 de junio 2010:

Destacó el diputado Murga que la Ley de las Comunas tiene por objeto establecer las normas que regulen la constitución, conformación, organización y funcionamiento de la Comuna, como entidad local e instancia del Poder Popular, donde los ciudadanos y las ciudadanas ejercerán los principios de soberanía y participación protagónica, mediante el autogobierno, para la edificación de la sociedad socialista a partir del Estado Comunal.

Precisó que con esta Ley se promueve la creación de una nueva instancia de gobierno territorial, es decir la del Poder Comunal, con particularidades y características que la diferencian de las otras instancias de gestión gubernamental.

El Universal 3 de junio de 2010:

El anteproyecto precisa que la comuna "es un espacio socialista, definido por la integración de comunidades vecinas con una memoria histórica compartida, rasgos culturales, usos y costumbres, que se reconocen en el territorio que ocupan y en las actividades productivas que le sirven de sustento". A su vez, los diputados añaden que es "la célula fundamental del Estado Comunal".

El anteproyecto plantea la formación de la "unión de comunas" y de "ciudades comunales". El fin último es instaurar una "ciudad socialista" que priorice el "fortalecimiento del autogobierno" .

Si a estas notas de prensa recientes le agregamos aquellas palabras de Aristóbulo Istúriz cuando en diciembre de 2009 y en el marco de los 10 años de la Constitución Bolivariana, afirmaba que el mejor alcalde era aquél que desbaratara las alcaldía y transfiriera el poder a los consejos comunales.

Todos estos elementos, unidos a una progresiva centralizació n de competencias que antes estaban en manos del Poder Municipal, la figura del Consejo Federal de Gobierno, la LAEE, el Fides, etc…, ponen en la mesa la clara intención de debilitar progresiva e institucionalmente la capacidad de las Alcaldías de responder a las necesidades inmediatas del pueblo soberano, llamado vecino, y la competencia de los Concejos Municipales de poder profundizar la descentralizació n con normas locales que contribuyan a fortalecer el municipio y su propia dinámica. Sin duda se está buscando que el ciudadano en su calidad de vecino y usuario de los servicios municipales, sienta en un momento determinado que no tiene sentido contar con un poder municipal, por lo que es necesaria su sustituciòn.

¿Qué ha pasado con el “alma de la ciudad”?; ¿Podemos recuperarla y con ella defender o rescatar el concepto de lo municipal, incorporando a esa dinámica a los Consejos Comunales ya organizados? . ¿Estamos atrapados y no hay otra que sustituir nuestra organización política territorial por otra?, lo que implica sustituir nuestra organización social por otra que se impone desde el poder central. ¿Qué hacemos con la tradición de más de 40 años de experiencia municipal, simplemente la dejamos de lado asumiendo un borrón y cuenta nueva?.

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