miércoles, 2 de diciembre de 2009

Algunas reflexiones sobre la intolerancia política actúal.

El Estado propugna como valor superior de su ordenamiento y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad y en general el pluralismo politico, entre otros valores.

Ese mismo Estado persigue como fin la construcción de una sociedad justa y amante de la paz, que tenga la garantía del cumplimiento de los principios, derechos y deberes consagrados en la Constitución.

Nuevamente la realidad politica del país, registrará para la historia un hecho sorprendente en un país que en sus primeros artículos constitucionales promueve esos valores previamente citados y los fines también señalados con anterioridad. Ese hecho sorprendente es el trato que han recibido los gobernadores y alcaldes que son opositores al gobierno, ante su intento de acercarse al Parlamento VEnezolano, ese mismo parlamento que consume líneas de medios de comunicación destacando el Parlamentarismo de Calle y su política de participación ciudadana.

Cuando uno presencia esos lamentables hechos, lo único que uno puede ratificar es que desde hace años la intolerancia política nos gobierna, y que así como en el 99 una Constitución, reeditada en el 2000 fue aprobada con la NO participación de más de 6 millones de venezolanos, que en número superan y son mayoría de los más de 3 millones qeu dijeron SI, a un proyecto de reforma que avanzó violentando la interpretación rígida del artículo 250 de la "moribunda" Constitución de 1961, que decía:

"Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o fuere derogada por cualquier otro medio distinto del que ella misma dispone. En tal eventualidad, todo ciudadano, investido o no de autoridad, tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia. ...."

Estamos claros que la soberanía reside en el pueblo, y que la realidad política impulsó el proceso de esa manera como la experimentamos en el año 1999, obviando lo que las páginas de la história nos decía de nuestro pasado y experiencias con las constituyentes pasadas, pero bueno ya no hay vuelta atrás en este aspecto.

Lo que si pareciera es tener vuelta atrás, es el termino "Moribunda", pues la Constitución del 61 que permitió la Descentralización, el ejercicio de la participación ciudadana en Asociaciones de Vecinos, cooperativas, Cabildos Abiertos, etc...; su propia reforma dandole primacía la realidad politica producto de una necesidad que se acumuló desde 1992 y a la soberanía popular; ha cedido su espacio como norma suprema a una Constitución que aún llamándose federal y descentralizado ha acabado con la descentralización, la verdadera y real participación ciudadana plural y que soporta con sus instituciones políticas la intolerancia política que hemos venido viviendo desde hace años y que no debe sorprendernos.

No queremos regresar a la IV República pero se reivindica cada día la Constitucion de 1961 tampoco queremos como país la V República, porque por su actuación ha violentado y ha herido de muerte sus valores de igualdad, justicia y pluralidad política con hechos y acontecimientos como los sucedidos a los alcaldes y gobernadores que intentaron llegar al Parlamento; con hechos como los que sucedieron en San Antonio del Táchira hace unas semanas, cuando fue sitiada por grupos irregulares; con hechos como con la excusa de defender la soberanía ha llamado a su propia población a prepararse a una Guerra con un país hermano Colombia, sin contar que los lazos de sangre, sin hablar de los históricos lejos de enfrentarnos nos unen, más de lo que muchos pudieran pensar.


¿Para qué sirve el derecho y la Constitución? si no logra ordenar a una sociedad. ¿Qué queda del derecho, cuando la discreción opera en la dinámica gubernamental?. ¿No estamos cansados de vivir una permanente intolerancia política?. Estas preguntas no tienen necesidad de ser respondidas públicamente, basta que las respondamos con la almohada y en la tranquilidad de la noche.

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