martes, 3 de junio de 2008

La política del Libro en Venezuela.

El MILCO, es el Ministerio de Industrias Ligeras y del Comercio, creado mediante Decreto Presidencial N° 3.416, publicado en la Gaceta Oficial N° 18.109 de fecha 18/01/05, tiene la competencia de autorizar la importación de todo tipo de libro, antes del 3 de marzo del 2008, los mismos se importaban sin problema alguno, luego de esa fecha, cuando de manera inconsulta y por ende sorpresiva, se dicta una resolución que aparece en Gaceta Oficial ese día Nº 38.882.


El cambio en la lista tiene un impacto fuerte y directo, previo al 3 de marzo CADIVI otorgaba las divisas sin necesidad de una Certificación de No Producción o de Insuficiencia en la Producción, luego del 3 de marzo, es requisito esencial, básico y condicionante este Certificado de No Producción o de Insuficiencia de Producción, para poder importar cualquier tipo de libros, excluyendose los Diccionarios y las Enciclopedias, que aún permanecen en el listado Nº 1 de los números arancelarios.


¿Por qué pasaron de la Lista 1 a la Lista 2 a los Libros?. El Ministro del MILCO, William Contreras, declara a Ultimas Noticias y aparece publicado el 22 de mayo del 2008, bajo la nota de César Contreras Altuve, señalando qeu el cambio se debió a anormalidades que se encontraron en las solicitudes d eimportación de libros, a tal punto que ya superan los $1.500 millones; ahora bien, Yolanda Fernández, Presidenta CAVELIBROS, afirma el pasado lunes 2 de junio en El Nacional, que esa cifra es extraordinaria, pues el mercado de los libros no supera a los 200 millones de dólares mensuales.


Ahora bien, el tema para CAVELIBROS es buscar sensibilizar al MILCO, para que el Libro vuelva a ocupar el Listado 1 de los códigos arancelarios, considerando, válidamente, la importancia que reviste el Libro en la cultura, y más cuando un 85% aproximadamente de los libros que circulan en nuestro mercado son importados. Aún cuando la cifra es alta, se debe destacar que todas las Editoriales imprimen parte del material y aquello que es posible en Venezuela, por lo tanto no se puede argumentar que el mundo Editorial lesiona la producción nacional, en su sentido estricto.


Por otro lado el punto acá, además del tema de la ubicación del Libro, es que éste procedimiento administrativo que opera en el MILCO para estudiar y otorgar el certificado, no tiene claro, en la actualidad sus lapsos, por lo tanto hay empresas que tienen 2 meses en la espera del Certificado y éste no sale, pero peor aún, no hay respuestas sobre su emisión.


La ausencia de información, y el tiempo inclemente que en el calendario no se detiene, va presionando a las editoriales, librerias, importadores, pues hay obligaciones y cronogramas que cumplir para poder garantizar la existencia de una firma editorial, o bien de una empresa editorial en Venezuela. Lo más grave de todo, es que no se conocen, al menos desde el sector privado, ¿cuáles fueron las presuntas irregularidades que se cometieron?, menos aún ¿quiénes fueron los presuntos responsables?.


En relación al tema del Libro, alguien me refirió a la página del Centro Nacional del Libro, para que leyera allí un extracto que copio en este artículo, y que refleja el espíritu de controlar la política del Libro por parte del Estado, lo cual no extraña, en un país que está haciéndo público todo lo que puede.


Leamos la declaración de principios del Centro Nacional del Libro y construyamos nuestras propias conclusiones:




El libro no es una simple mercancía. Es ante todo un bien cultural y un medio de comunicación. Pero en las sociedades neoliberales, el libro está vinculado exclusivamente al mercado de las artes, un sistema que opera a través de mecanismos de legitimación excluyentes y con una marcada tendencia rentista. En consecuencia, los libros bajo ese contexto social, no cubren las necesidades de formación e información que los pueblos requieren para su desarrollo espiritual y cognitivo.


Escribir y leer son esencialmente prácticas socialistas. Si bien es cierto que forman parte de un acto íntimo en el que se despiertan valores y códigos desde una perspectiva muy personal, también contribuyen a crear una red de textos y lecturas donde se reflejan valores que responden a una realidad compartida. Desde este punto de vista, ambos actos son colectivos, y deben servir para que hombres y mujeres cultiven el sentido de asociación con los otros, e incrementen las probabilidades de satisfacer los requerimientos básicos particulares, familiares y comunitarios.


De allí la necesidad de abolir la hegemonía del mercado y la subordinación al mismo, hasta el punto de determinar las temáticas, los campos del saber, los valores simbólicos, la información y el conocimiento que debe circular en las sociedades a través de los libros. Bajo una concepción que confiere carácter socialista a los actos creativos de escribir y de leer, la oferta editorial y los contenidos que subyacen en ellos deben ser accesibles para el pueblo y satisfacer su demanda de conocimiento.



En Venezuela, país donde el pueblo construye cada día su revolución bolivariana y socialista, ser consecuentes con este compromiso es algo que se expresa en todas las instancias. Es así como hoy realizamos un encuentro fraternal con los pueblos del mundo.






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